México recibió esta semana una cifra que, por su magnitud, no debería pasar inadvertida. El Gobierno federal informó que el promedio diario de homicidios dolosos disminuyó 51% entre septiembre de 2024 y julio de 2026, al pasar de 86.9 a 42.5 casos diarios. Julio, además, habría registrado el promedio más bajo para ese delito desde 2015.

Es un dato positivo. Negarlo únicamente por diferencias políticas sería tan irresponsable como utilizarlo para afirmar que el problema de inseguridad en México está resuelto.

Una reducción de esta dimensión significa que algo está cambiando y obliga a observar con atención las estrategias que pueden estar contribuyendo a ella. Pero la seguridad de un país no puede evaluarse exclusivamente a través de un indicador.

Los mismos datos presentados por las autoridades muestran que siete estados concentran 49% de los homicidios dolosos del país: Guanajuato, Baja California, Chihuahua, Sinaloa, Estado de México, Guerrero y Morelos.

Ahí aparece uno de los principales desafíos.

México puede mejorar considerablemente su promedio nacional mientras existen comunidades donde la violencia continúa formando parte de la vida cotidiana. Para una familia que vive bajo amenazas, extorsiones o enfrentamientos, una estadística nacional favorable difícilmente modifica por sí sola su percepción de seguridad.

También existe una diferencia importante entre reducir la violencia y consolidar la seguridad.

Lo primero puede observarse en una disminución de homicidios. Lo segundo requiere instituciones capaces de investigar delitos, fiscalías que construyan casos sólidos, policías profesionales y ciudadanos que tengan confianza suficiente para denunciar.

Por eso, las cifras presentadas esta semana deben verse como un avance que todavía necesita demostrar permanencia.

La prueba más importante será comprobar si la tendencia continúa durante los próximos meses y años, si alcanza a las regiones que permanecen entre las más violentas y, sobre todo, si se traduce en una mejora tangible para quienes viven ahí.

La seguridad tampoco debería convertirse en una competencia partidista. Cuando disminuyen los homicidios, el resultado beneficia al país independientemente del gobierno que se encuentre en funciones. De la misma manera, cuando persisten problemas graves, señalarlos no debería interpretarse automáticamente como un ataque político.

Un país necesita poder reconocer lo que funciona y exigir correcciones en aquello que todavía falla.

Reducir 51% el promedio diario de homicidios es una noticia relevante para México. Convertir esa reducción en una tendencia sostenible y en tranquilidad real para millones de personas será una tarea mucho más difícil.